COMUNICACIÓN

IZQUIERDA UNIDA DE CUENCA


ARTÍCULO DE OPINIÓN

 

9 de abril. 25º aniversario de la legalización del PCE

 

 

UN TRIUNFO PARA LA DEMOCRACIA Y LA RECONCILIACIÓN

 

Este fue el titular del Mundo Obrero (órgano oficial del PCE) en su edición posterior al 9 de abril de 1977, día en que, tras cuarenta años clandestino y proscrito, el primer gobierno de Suarez anunció la legalización del PCE. Contaban los libros de Sociedad de mi época en la E.G.B. que cuando comenzó el proceso de legalización de los partidos políticos el escollo mayor lo representaba el PCE y que para el “búnker” y el ejército, la legalización del Partido Comunista significaba echar por la borda aquello por lo que habían combatido desde 1936.

 

Siempre me interesó este periodo de la Historia reciente de nuestro país, incluso todavía mantengo algunos recuerdos de mi infancia de episodios significativos de lo que luego se llamo la “transición”. Desde entonces mis inquietudes personales derivaron hacia la profundización del conocimiento de nuestra Historia hasta el punto que terminé cursando en Cuenca estudios de Geografía e Historia y con poco más de veinte años entré a formar parte activa del PCE en el que comenzé a militar en 1989.

 

Año éste que coincide con uno de los acontecimientos históricos más importantes y más estudiados y analizados de finales del siglo pasado: la caida del muro de Berlín y el comienzo del fin del mundo bipolar.

 

Por supuesto que en el seno del PCE y de la izquierda transformadora los debates fueron innumerables y forman parte del acervo cultural de nuestro pensamiento a la hora de analizar el pasado, presente y futuro del movimiento emancipatorio en el que se inscribe la historia y la acción política del PCE e Izquierda Unida.

 

No fueron pocos los discursos que desde el “pensamiento único” o “pensamiento cero” nos dijeron “dejad toda esperanza” o “no es posible la transformación”, llegando a pedirnos la claudicación “de rodillas, imbéciles”. Bastante nos han y nos hemos flagelado con este tipo de cuestiones, pero seamos sensatos; a mí no se me ocurriría hoy echar sobre los hombros de Jesús de Nazaret la responsabilidad de los delitos cometidos a lo largo de la Historia por todos aquellos que llevaron el nombre de cristianos, desde Torquemada al general Pinochet, pasando por el general Franco.

 

A cada cual lo suyo, pues. Por lo menos mientras llega aquello de “a cada cual según sus necesidades y de cada cual según sus capacidades”.

 

En España, desde la denominada “transición” se ha ido forzando de forma sistemática un nuevo consenso social, un pacto hegemónico en torno al cual articular las dos fuerzas políticas mayoritarias. Se trata de un conjunto de valores, propuestas políticas y económicas, que los poderes, tanto transnacionales como autóctonos, dictan y que sus intelectuales orgánicos convierten en un “sentido común” en torno al cual se organiza el consenso político y el pacto hegemónico-social.

 

No obstante, esa hegemonía ético-política no impide que existan numerosas personas que rechazan esas ideas y actitudes, a veces pasivamente y a veces activamente, aunque no siempre de forma “política”: vease en la acción a favor de los marginados, los inmigrantes, los pobres de los paises empobrecidos a través sobre todo de las ONGs.

 

La izquierda política tiene una responsabilidad respecto de esta parte de la población que resiste: la responsabilidad de fomentar dicha resistencia, articularla, tratar de darle oportunidades de expresión intelectual y ofrecerle una expresión política, tanto institucional como no institucional. Y para encauzar estas políticas, tenemos claros algunos ejes éticos-políticos que deben orientarlas: combatir las desigualdades, ensanchar la democracia y hacerla más participativa, reglamentar la economía, controlar los capitales, promover políticas y actitudes respetuosas con el medio natural, etc. Esta es la apuesta del PCE y de IU, y de ahí que después de 25 años de la vuelta a la legalidad, el papel del PCE y de su proyecto político está claro, y aunque somos conscientes de las dificultades que conlleva, no olvidamos que “el camino del socialismo está sembrado de huellas de esperanza transformadora”.

 

Decía Oscar Wilde que “los cínicos son aquellas personas que conocen el precio de todo e ignoran el valor de cualquier cosa, mientras que los sentimentales son quienes saben el valor pero desconocen el precio”. Si algo nos sigue animando a mantener viva la lucha por los valores emancipatorios es, superando el talante de esos cínicos ávidos consumidores de nuestros recursos culturales para convertirlos en objeto de su simple superviviencia y evitando la melancolía contemplativa de los sentimentales agrupados en la terca veneración de aquella izquierda heroica que tal vez nunca existió, trabajar por hallar espacios de síntesis y no de simple suma de revolucionarios diversos.

 

Ese es el proyecto del PCE, concretizado en Izquierda Unida, actualización de la línea histórica de propuestas unitarias que suponen el mejor bagaje del PCE: el Frente Único, el Frente Popular, las Comisiones Obreras, la Junta Democrática, etc.

 

En definitiva, un espacio político y social donde los viejos luchadores por la dignidad de las personas se habría sentido tan a gusto, y con el horizonte utópico, por lejano que  no por imposible, de que este sistema se puede cambiar y transformar, porque Otro mundo es posible.

 

Cuenca, 9 de abril de 2002